viernes, 8 de octubre de 2010

LECTURA: "EL PODER DE LOS LIBROS". Alvaro Pérez Capiello

Álvaro Pérez Capiello
EL PODER de los libros
 --( En: 2001.com.ve, 08-10-2010)--
Se dice y mejor se acepta, que los seres humanos somos visuales por naturaleza. En sí, esta premisa viene a significar la importancia de los sentidos para la vida del hombre contemporáneo, especie de ventanas que nos conectan con el mundo exterior. Para algunos, la magia de los libros ha cedido terreno ante la avalancha de imágenes del cine o la televisión, capaces de impresionar las pupilas de la audiencia con modernos efectos especiales y trucos de cámara.

Cuando las fronteras del arte parecen desdibujarse a consecuencia de la coexistencia de géneros, en determinadas piezas que son, a intervalos, pinturas y esculturas, novelas y ensayos históricos, poemas en prosa, etcétera. ¿Sorprenden acaso los fonolibros o los textos maquetas? Basta con recorrer los anaqueles de las librerías para darse cuenta de las posibilidades que ofrece el mercado del libro, cuyos límites sólo se encuentran vigilados por el sano ejercicio de la imaginación.

Las antiguas carátulas de pasta dura, decoradas por hilos de oro, dan paso a una camada de publicaciones infantiles dotadas de la capacidad de transformarse en trasatlánticos, castillos medievales, o aeroplanos guiados por osados aviadores. Eso, sin referirnos a los textos equipados con calcomanías, bolígrafos, discos compactos, proyectores de imágenes, o superficies imantadas para construir historias en movimiento.

Todo cabe en el terreno del “merchandising”… Empero, la letra muerta emerge de sus sepulcros de polvo y olvido para confesarnos las angustias y los anhelos de sus autores. Si bien, todo en nuestro viejo universo está dicho y realizado, cada época pare una nueva generación de hombres capaces de reinterpretar y darles un nuevo sentido a las soñadas invenciones de narradores, filósofos y poetas.

El amor, acaso la más sublime de las emociones que mueven al mundo, se deja escurrir tanto en las líneas del Quijote como en los elaborados pasajes narrativos de Oscar Wilde, o en la poética de Luis Cernuda. En la historia del arte, advertimos una bien calculada dosis de intimidad y sensualidad en los lienzos de Giuseppe María Crespi, apodado “el Español”, mientras que nos dejamos arrastrar por las pasiones de uno de los maestros del Surrealismo, Salvador Dalí. Universales son las obras de estos dos creadores, como universales resultan las emociones que las inspiraron. Ésta es la verdad del arte, servir de espejo para que el ser humano se mire y se reconozca.

A propósito de la última entrega de los premios Oscar, de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, transmitida desde Los Ángeles, no deja de rondar en el aire el tema de la supervivencia del libro frente a los novedosos adelantos tecnológicos, juegos de video en tres dimensiones, avanzadas microcomputadoras, películas que desafían las leyes físicas y las máximas de la realidad, etcétera.
Tal vez, un análisis frío de las cifras de ventas de novelistas como: Stephen King, J.K. Rowling, León Uris, o Pablo Coelho, acaben por lanzar al suelo cualquier duda acerca de la vigencia del libro como producto de primera necesidad, incluso, en sociedades consideradas atrasadas desde el punto de vista cultural.

Desde aquí manifestamos nuestra creencia de que el texto literario es un bien que marcha a la vanguardia de los grandes cambios históricos que han ocurrido en el mundo. No en balde, la Ilustración fue considerada como “El Mal del Siglo” en los tiempos de Carlos III. Como lo expresó el escritor argentino Mempo Giardinelli, al recibir en Caracas, en 1993, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos: “Una sociedad que no cuida a sus lectores, que no cuida sus libros y sus medios, que no guarda su memoria impresa y que no alienta el desarrollo del pensamiento, es una sociedad culturalmente suicida”.
 

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